Desde pequeña he estado muy unida al mundo del arte. Siempre he dibujado y tenía claro que quería dedicarme a algo creativo, por eso elegí el bachillerato artístico.
Al terminar esa etapa estaba un poco perdida, sin saber exactamente hacia dónde enfocar mi camino. Justo al cumplir los 18 me hice mi primer tatuaje, y decidí diseñarlo yo misma e investigar todo el proceso. Esa experiencia marcó un antes y un después.
Lo que empezó como una curiosidad se convirtió rápidamente en algo mucho más grande. Decidí formarme, hacer un curso y sacarme la licencia para tatuar. Desde entonces, el tatuaje se ha convertido en mi forma de vida.
He tenido la oportunidad de trabajar en distintos estudios y viajar a diferentes ciudades y países, algo que antes ni siquiera había imaginado. Durante este proceso también me he formado en fotografía, lo que ha influido en mi forma de entender el detalle, la composición y la estética, aportando una visión más cuidada a cada diseño.